Como se defendía la agricultura
Publicado el February 26, 2008 - Archivado en Agro, Actualidad, Venezuela |

No domino cifras pero se como otros muchos que hacen seguimiento al tema agrícola, que durante la gestión de Felipe Gómez Álvarez al frente del MAC, logramos suficiente abastecimiento en rubros en los que incluso alcanzamos autoabastecimiento e incluso capacidad exportadora. La tarea no le fue fácil a aquel hombre que dedicó la vida a la cuestión agraria. Al campo venezolano.
Entre sus logros apuntemos los módulo de Apure, esos espectaculares movimientos de tierra y demás infraestructuras que convirtieron en productivas enormes extensiones de tierra llanera históricamente sujeta a los rigores cíclicos de la sequedad de la tierra o a las inundaciones. La estrategia de Gómez Álvarez y el equipo ministerial la orientó en dos direcciones.
Garantizar pleno abastecimiento pleno en rubros esenciales si era necesario recurriendo al expediente de las importaciones de lo indispensable para no afectar la fluidez de los mecanismos de distribución como de comercialización. Del otro lado, con prioridad, fomentar las siembras y la cría para que el país alcanzara metas de pleno abastecimiento en lo que por descuido, desidia o fracaso de anteriores iniciativas agrarias, cedió espacio o perdió presencia en las cantidades suficientes para cubrir exigencias del mercado.
Al final de la gestión del presidente Jaime Lusinchi (1989-1994), el panorama agropecuario nacional era diferente no obstante lo cual Venezuela, asistió a un caso interesante como aquel de la importación de un gigantesco cargamento de carne vacuna europea certificada por los ingleses cuyos altos niveles de contaminación por el efecto Chérnobil, comprueba el IVIC.
Las toneladas descargadas entre La Guaira y Puerto Cabello quedaron retenidas hasta que concluyesen las experticias comprobatorias o no de las sospechas de contaminación provocadas por la procedencia del producto: zonas de pastoreo infectadas por las radiaciones difuminadas en los cielos de Rusia y Europa luego de la explosión de la central nuclear de Chérnobil. La carne vacuna fue reexportada.
Sin embargo, tal inconveniente no agudizó la escasez debido a las debilidades coyunturales del rebaño nacional. Por esto, aunque tal vez las amas de casa pagaron más por sus compras de carne, nunca dejó de haber carne en los mercados y otros expendios. Lo que me gustaría compartir en esta oportunidad es que fui testigo de excepción cuando en la casa del embajador de Venezuela en Buenos Aires, en aquel momento, Nicomedes Zuloaga Mosquera, el ministro de Agricultura y Cría, Felipe Gómez Álvarez, precisó al presidente del Instituto de Comercio Exterior, César Salazar Cuervo, diciéndole: Si mañana se firma ese acuerdo, dejo el Ministerio.
Salazar hacía su trabajo promocional del comercio internacional e intercambios entre la Argentina y Venezuela, procurando mejorar u obtener ventajas de las relaciones de intercambio bilateral. El presidente Lusinchi estaba en Buenos Aires para eso, como parte de la gira que además incluyó Brasilia y Montevideo. Gómez Álvarez también andaba en lo suyo. No dio su brazo a torcer no obstante que las negociaciones de último minuto las presionaba la circunstancia protocolar que las rodeaba al más alto nivel.
Para el ministro de Agricultura venezolano, su papel era beneficiarnos estrictamente de lo necesario entre lo que la Argentina ofrecía – nunca será poco particularmente en materia agraria – siempre y cuando nada afectara las políticas de estímulos locales destinados a animar la producción venezolana hasta lograr posicionarla, en los rubros seleccionados, nuevamente incluso con excedentes exportables. Años antes lo hicimos en rubros como arroz, cereal que en los años sesenta intercambiamos por aquellos primeros tractores traídos de Europa Oriental.
El esfuerzo agro productor venezolano logró colocar además de arroz, azúcar, ganado, café, cacao y otros frutos. Cuatro mil millones de dólares sumaron en 1987 nuestras exportaciones basadas en productos naturales distintos a los hidrocarburos y minerales. El respeto que el gobierno tenía por Gómez Álvarez puso cada cosas en su lugar.
Ningún acuerdo con la Argentina ni con nadie, podía afectar el interés supremo de Venezuela: una agricultura y cría suficientemente atendidas como para atraer inversiones hacia el sector productivo primario lo cual se reflejara primero que nada en abastecimiento suficiente y mejores precios para productores y consumidores.
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