Un saldo rojo, rojito, rojÃsimo
Publicado el November 13, 2006 - Archivado en Cipriano Heredia, Opinión, Venezuela |

Ahora que está de moda que todas las instituciones se pronuncien acerca de si son o no rojas rojitas, lo cual ha incluido una serie de declaraciones increÃbles como las del General aquel, bien vale la pena analizar de qué color es el saldo de la gestión de este gobierno que ya lleva 8 años en el poder, aspira reelegirse por 6 más, y ya ha anunciado que una vez ratificado impulsará una reforma constitucional para perpetuarse en Miraflores.
Es decir, no sólo no habrá alternabilidad democrática con la oposición, sino que además de un plumazo se castrará polÃticamente a todos aquellos lÃderes hoy chavistas que aspiran legÃtimamente suceder al candidato oficialista en la presidencia de la República. Empecemos por el problema que más perturba a los venezolanos de hoy en dÃa: la inseguridad. Cierto que no es un problema nuevo, pero vaya que se ha agravado en este gobierno.
De hecho, fue en los últimos años que temas tan delicados y difÃciles como el desempleo, el costo de la vida y la vivienda pasaron a ocupar un segundo lugar ante el avance desgarrador de la delincuencia. Prácticamente todos tenemos al menos un muerto en la familia o cÃrculo de amistades y de alguna manera hemos sido directa o indirectamente vÃctimas del hampa.
Sólo para recordar algunas cifras, las estadÃsticas indican que hoy muere un venezolano cada 30 minutos en manos de delincuentes, sólo en Caracas fallecen un centenar de personas cada fin de semana como consecuencia de la violencia, y en general, en Venezuela se registran en total más vÃctimas fatales que muchos paÃses que están en guerra. Además, como si fuera poco, el gobierno carga directamente con varias decenas de muertos que han caÃdo en medio de situaciones de alta tensión polÃtica, empezando por las 20 personas que fueron asesinadas el 11 de abril de 2002 como consecuencia de la activación de una plan de guerra (Avila) para reprimir una manifestación pacÃfica de civiles. Pasando a otro tema, analicemos el segundo gran problema que identifica la propia gente: el desempleo.
Aquà lo primero que hay que señalar es que es la propia actitud del gobierno la que más contribuye a alejar las inversiones, a que cierren las empresas y, en consecuencia, a que disminuyan permanentemente los puestos de trabajo formal. En Venezuela sólo 3 de cada diez venezolanos en edad de trabajar tiene un empleo fijo, con 15 y último, prestaciones, etc. Los demás practican mayoritariamente alguna forma de buhonerÃa (52%), con lo cual nunca disfrutarán de una jubilación, un seguro social, etc., a pesar de que les puede ir bien como trabajadores informales; y el resto simplemente no tiene trabajo de ningún tipo.
A esto se le suma que el número de empresas e industrias que existÃan para 1998 (cerca de 15 mil), se ha reducido a la mitad (menos de 8 mil) en estos ocho años. Debemos decir responsablemente que esto último no es casualidad, sino que el clima económico del paÃs asà lo ha provocado. Se hace difÃcil invertir y crear empleo en un ambiente en el se mira a la empresa privada como enemiga, en el que se limitan los espacios para la inversión, en el que se regula en exceso el proceso productivo, privan los controles, proliferan las matracas y las comisiones, el Estado interviene o se reserva cada vez más espacios y sectores de la economÃa y, sobre todo, en el que no se respeta la propiedad privada.
Por último pasémosle revista al tema de la vivienda. Es aquà donde tal vez el gobierno exhibe su mayor fracaso, porque todo depende de él y ha tenido más de 400 mil millones de dólares en la mano para hacer algo. ¿Puede legÃtimamente un gobierno que apenas ha construido 120 mil viviendas en 8 años pedir que se le renueve el mandato, cuando esa cifra es lo que se deberÃa construir por año con menos recursos? Sinceramente el descaro es grande. En conclusión, todo gobierno que aspire reelegirse debe someterse a un debate sobre su gestión para que los electores tengamos un balance claro de lo que ha hecho y dejado de hacer. El candidato del oficialismo no quiere debatir; pero está demasiado claro sin embargo que el saldo de su paso por el poder es rojo rojito rojÃsimo.
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